Año A. Tercer Domingo de Cuaresma

Éxodo 17:1-7

El agua de la roca

 

1 Toda la comunidad israelita partió del desierto de Sin por etapas, según lo había ordenado el Señor. Acamparon en Refidín, pero no había allí agua para que bebieran, 

2 así que altercaron con Moisés.

―Danos agua para beber —le exigieron.

―¿Por qué pelean conmigo? —se defendió Moisés—. ¿Por qué provocan al Señor?

3 Pero los israelitas estaban sedientos, y murmuraron contra Moisés.

―¿Para qué nos sacaste de Egipto? —reclamaban—. ¿Solo para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?

4 Clamó entonces Moisés al Señor, y le dijo:

―¿Qué voy a hacer con este pueblo? ¡Solo falta que me maten a pedradas!

5 ―Adelántate al pueblo —le aconsejó el Señor— y llévate contigo a algunos ancianos de Israel, pero lleva también la vara con que golpeaste el Nilo. Ponte en marcha, 

6 que yo estaré esperándote junto a la roca que está en Horeb. Aséstale un golpe a la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel. 

7 Además, a ese lugar lo llamó Masá, y también Meribá, porque los israelitas habían altercado con él y provocado al Señor al decir: «¿Está o no está el Señor entre nosotros?»

 

Salmos 95

 

1 Vengan, cantemos con júbilo al Señor;
    aclamemos a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante él con acción de gracias,
    aclamémoslo con cánticos.

3 Porque el Señor es el gran Dios,
    el gran Rey sobre todos los dioses.
4 En sus manos están los abismos de la tierra;
    suyas son las cumbres de los montes.
5 Suyo es el mar, porque él lo hizo;
    con sus manos formó la tierra firme.

6 Vengan, postrémonos reverentes,
    doblemos la rodilla
    ante el Señor nuestro Hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios
    y nosotros somos el pueblo de su prado;
    ¡somos un rebaño bajo su cuidado!

Si ustedes oyen hoy su voz,
8     no endurezcan el corazón, como en Meribá,
    como aquel día en Masá, en el desierto,
9 cuando sus antepasados me tentaron,
    cuando me pusieron a prueba,
    a pesar de haber visto mis obras.
10 Cuarenta años estuve enojado
    con aquella generación,
y dije: «Son un pueblo mal encaminado
    que no reconoce mis senderos».
11 Así que, en mi enojo, hice este juramento:
    «Jamás entrarán en mi reposo».

 

Romanos 5:1-11

Paz y alegría

 

1 En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 

2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 

3 Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 

4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 

5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. 

7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 

8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! 

10 Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! 

11 Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.

 

Juan 4:5-42

 

5 llegó a un pueblo samaritano llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob le había dado a su hijo José. 

6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía. 

7-8 Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida.

En eso llegó a sacar agua una mujer de Samaria, y Jesús le dijo:

―Dame un poco de agua.

9 Pero, como los judíos no usan nada en común con los samaritanos, la mujer le respondió:

―¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?

10 ―Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.

11 ―Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua que da vida? 

12 ¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?

13 ―Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, 

14 pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.

15 ―Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla.

16 ―Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá —le dijo Jesús.

17 ―No tengo esposo —respondió la mujer.

―Bien has dicho que no tienes esposo. 

18 Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad.

19 ―Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta. 

20 Nuestros antepasados adoraron en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde debemos adorar está en Jerusalén.

21 ―Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. 

22 Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos. 

23 Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad,[c] porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. 

24 Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

25 ―Sé que viene el Mesías, al que llaman el Cristo —respondió la mujer—. Cuando él venga nos explicará todas las cosas.

26 ―Ese soy yo, el que habla contigo —le dijo Jesús.

 

Los discípulos vuelven a reunirse con Jesús

27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó: «¿Qué pretendes?» o «¿De qué hablas con ella?»

28 La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:

29 ―Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?

30 Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús. 

31 Mientras tanto, sus discípulos le insistían:

―Rabí, come algo.

32 ―Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —replicó él.

33 «¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos.

34 ―Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús—. 35 ¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura; 

36 ya el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos. 

37 Porque como dice el refrán: “Uno es el que siembra y otro el que cosecha”. 

38 Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.

 

Muchos samaritanos creen en Jesús

 

39 Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: «Me dijo todo lo que he hecho». 

40 Así que cuando los samaritanos fueron a su encuentro le insistieron en que se quedara con ellos. Jesús permaneció allí dos días, 

41 y muchos más llegaron a creer por lo que él mismo decía.

42 ―Ya no creemos solo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.

 

Año A. Segundo Domingo de Cuaresma

Génesis 12:1-4

Llamamiento de Abram

 

1 El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré.

2 »Haré de ti una nación grande,
    y te bendeciré;
haré famoso tu nombre,
    y serás una bendición.
3 Bendeciré a los que te bendigan
    y maldeciré a los que te maldigan;
¡por medio de ti serán bendecidas
    todas las familias de la tierra!»

4 Abram partió, tal como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. 

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Salmos 121

Cántico de los peregrinos.

 

1 A las montañas levanto mis ojos;
    ¿de dónde ha de venir mi ayuda?
2 Mi ayuda proviene del Señor,
    creador del cielo y de la tierra.

3 No permitirá que tu pie resbale;
    jamás duerme el que te cuida.
4 Jamás duerme ni se adormece
    el que cuida de Israel.

5 El Señor es quien te cuida,
    el Señor es tu sombra protectora.
6 De día el sol no te hará daño,
    ni la luna de noche.

7 El Señor te protegerá;
    de todo mal protegerá tu vida.
8 El Señor te cuidará en el hogar y en el camino,
    desde ahora y para siempre.

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Romanos 4:1-5, 13-17

 

Abraham, justificado por la fe

1 Entonces, ¿qué diremos en el caso de nuestro antepasado Abraham? 

2 En realidad, si Abraham hubiera sido justificado por las obras, habría tenido de qué jactarse, pero no delante de Dios. 

3 Pues ¿qué dice la Escritura? «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia».

4 Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor, sino como una deuda. 

5 Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia.

 

13 En efecto, no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia. 

14 Porque, si los que viven por la ley fueran los herederos, entonces la fe no tendría ya ningún valor y la promesa no serviría de nada. 

15 La ley, en efecto, acarrea castigo. Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es solo para los que son de la ley, sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común 

17 delante de Dios, tal como está escrito: «Te he confirmado como padre de muchas naciones». Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.

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Juan 3:1-17

Jesús enseña a Nicodemo

 

1 Había entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo. 

2 Este fue de noche a visitar a Jesús.

―Rabí —le dijo—, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él.

3 ―De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo[a] no puede ver el reino de Dios —dijo Jesús.

4 ―¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? —preguntó Nicodemo—. ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?

5 ―Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios —respondió Jesús—. 

6 Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. 

7 No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. 

8 El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu.

9 Nicodemo replicó:

―¿Cómo es posible que esto suceda?

10 ―Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? —respondió Jesús—. 

11 Te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto personalmente, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 

12 Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales? 

13 Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre.

Jesús y el amor del Padre

14 »Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 

15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

16 »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 

17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.

 

Año A. Primer Domingo de Cuaresma.

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Génesis 2:15-17, 3:1-7

 

15 Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás».

 

La caída del ser humano

1 La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer:

―¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?

2 ―Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. 

3 Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán”.

4 Pero la serpiente le dijo a la mujer:

―¡No es cierto, no van a morir! 

5 Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.

6 La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. 

7 En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera.

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Salmos 32

Salmo de David. Masquil.

 

1 Dichoso aquel
    a quien se le perdonan sus transgresiones,
    a quien se le borran sus pecados.
2 Dichoso aquel
    a quien el Señor no toma en cuenta su maldad
    y en cuyo espíritu no hay engaño.
3 Mientras guardé silencio,
    mis huesos se fueron consumiendo
    por mi gemir de todo el día.
4 Mi fuerza se fue debilitando
    como al calor del verano,
porque día y noche
    tu mano pesaba sobre mí. Selah

5 Pero te confesé mi pecado,
    y no te oculté mi maldad.
Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor»,
    y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Selah

6 Por eso los fieles te invocan
    en momentos de angustia;
caudalosas aguas podrán desbordarse,
    pero a ellos no los alcanzarán.
7 Tú eres mi refugio;
    tú me protegerás del peligro
    y me rodearás con cánticos de liberación. Selah

8 El Señor dice:
«Yo te instruiré,
    yo te mostraré el camino que debes seguir;
    yo te daré consejos y velaré por ti.
9 No seas como el mulo o el caballo,
    que no tienen discernimiento,
y cuyo brío hay que domar con brida y freno,
    para acercarlos a ti».

10 Muchas son las calamidades de los malvados,
    pero el gran amor del Señor
    envuelve a los que en él confían.

11 ¡Alégrense, ustedes los justos;
    regocíjense en el Señor!
¡canten todos ustedes,
    los rectos de corazón!

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Romanos 5:12-19

De Adán, la muerte; de Cristo, la vida

 

12 Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron.

13 Antes de promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley; 

14 sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de aquel que había de venir.

15 Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues, si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! 

16 Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. 

17 Pues, si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo.

18 Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. 

19 Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.

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Mateo 4:1-11

Tentación de Jesús

 

1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. 

2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 

3 El tentador se le acercó y le propuso:

―Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.

4 Jesús le respondió:

―Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

5 Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:

6 ―Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:

»“Ordenará que sus ángeles
    te sostengan en sus manos,
para que no tropieces con piedra alguna”».

7 ―También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.

8 De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.

9 ―Todo esto te daré si te postras y me adoras.

10 ―¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.

11 Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

Año A. Tiempo de Cuaresma: Miércoles de Ceniza

Joel 2:1-2, 12-17

 

Un ejército de langostas

1 Toquen la trompeta en Sión;
    den la voz de alarma en mi santo monte.
Tiemblen todos los habitantes del país,
    pues ya viene el día del Señor;
    en realidad ya está cerca.
2 Día de tinieblas y oscuridad,
    día de nubes y densos nubarrones.
Como la aurora que se extiende sobre los montes,
    así avanza un pueblo fuerte y numeroso,
pueblo como nunca lo hubo en la antigüedad
    ni lo habrá en las generaciones futuras.

 

Exhortación al arrepentimiento

12 «Ahora bien —afirma el Señor—,
    vuélvanse a mí de todo corazón,
    con ayuno, llantos y lamentos».

13 Rásguense el corazón
    y no las vestiduras.
Vuélvanse al Señor su Dios,
    porque él es bondadoso y compasivo,
lento para la ira y lleno de amor,
    cambia de parecer y no castiga.
14 Tal vez Dios reconsidere y cambie de parecer,
    y deje tras de sí una bendición.
Las ofrendas de cereales y las libaciones
    son del Señor su Dios.

15 Toquen la trompeta en Sión,
    proclamen el ayuno,
convoquen a una asamblea solemne.
16 Congreguen al pueblo,
    purifiquen la asamblea;
junten a los ancianos del pueblo,
    reúnan a los pequeños
    y a los niños de pecho.
Que salga de su alcoba el recién casado,
    y la recién casada de su cámara nupcial.
17 Lloren, sacerdotes, ministros del Señor,
    entre el pórtico y el altar;
y digan: «Compadécete, Señor, de tu pueblo.
    No entregues tu propiedad al oprobio,
    para que las naciones no se burlen de ella.
¿Por qué habrán de decir entre los pueblos:
    “Dónde está su Dios?”»

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Isaías 58: 1-12

El verdadero ayuno

 

1 »¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas!
    Alza tu voz como trompeta.
Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías;
    sus pecados, a los descendientes de Jacob.
2 Porque día tras día me buscan,
    y desean conocer mis caminos,
como si fueran una nación
    que practicara la justicia,
como si no hubieran abandonado
    mis mandamientos.
Me piden decisiones justas,
    y desean acercarse a mí,
3 y hasta me reclaman:
    “¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta?
    ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?”

»Pero el día en que ustedes ayunan,
    hacen negocios y explotan a sus obreros.
4 Ustedes solo ayunan para pelear y reñir,
    y darse puñetazos a mansalva.
Si quieren que el cielo atienda sus ruegos,
    ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!
5 ¿Acaso el ayuno que he escogido
    es solo un día para que el hombre se mortifique?
¿Y solo para que incline la cabeza como un junco,
    haga duelo y se cubra de ceniza?
¿A eso llaman ustedes día de ayuno
    y el día aceptable al Señor?

6 »El ayuno que he escogido,
    ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia
    y desatar las correas del yugo,
poner en libertad a los oprimidos
    y romper toda atadura?
7 ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento
    y dar refugio a los pobres sin techo,
vestir al desnudo
    y no dejar de lado a tus semejantes?
8 Si así procedes,
    tu luz despuntará como la aurora,
    y al instante llegará tu sanidad;
tu justicia te abrirá el camino,
    y la gloria del Señor te seguirá.
9 Llamarás, y el Señor responderá;
    pedirás ayuda, y él dirá: “¡Aquí estoy!”

»Si desechas el yugo de opresión,
    el dedo acusador y la lengua maliciosa,
10 si te dedicas a ayudar a los hambrientos
    y a saciar la necesidad del desvalido,
entonces brillará tu luz en las tinieblas,
    y como el mediodía será tu noche.
11 El Señor te guiará siempre;
    te saciará en tierras resecas,
    y fortalecerá tus huesos.
Serás como jardín bien regado,
    como manantial cuyas aguas no se agotan.
12 Tu pueblo reconstruirá las ruinas antiguas
    y levantará los cimientos de antaño;
serás llamado “reparador de muros derruidos”,
    “restaurador de calles transitables”.

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Salmos 103

Salmo de David.

 

1 Alaba, alma mía, al Señor;
    alabe todo mi ser su santo nombre.
2 Alaba, alma mía, al Señor,
    y no olvides ninguno de sus beneficios.
3 Él perdona todos tus pecados
    y sana todas tus dolencias;
4 él rescata tu vida del sepulcro
    y te cubre de amor y compasión;
5 él colma de bienes tu vida[a]
    y te rejuvenece como a las águilas.

6 El Señor hace justicia
    y defiende a todos los oprimidos.
7 Dio a conocer sus caminos a Moisés;
    reveló sus obras al pueblo de Israel.

8 El Señor es clemente y compasivo,
    lento para la ira y grande en amor.
9 No sostiene para siempre su querella
    ni guarda rencor eternamente.
10 No nos trata conforme a nuestros pecados
    ni nos paga según nuestras maldades.
11 Tan grande es su amor por los que le temen
    como alto es el cielo sobre la tierra.
12 Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones
    como lejos del oriente está el occidente.
13 Tan compasivo es el Señor con los que le temen
    como lo es un padre con sus hijos.
14 Él conoce nuestra condición;
    sabe que somos de barro.

15 El hombre es como la hierba,
    sus días florecen como la flor del campo:
16 sacudida por el viento,
    desaparece sin dejar rastro alguno.
17 Pero el amor del Señor es eterno
    y siempre está con los que le temen;
su justicia está con los hijos de sus hijos,
18     con los que cumplen su pacto
y se acuerdan de sus preceptos
    para ponerlos por obra.

19 El Señor ha establecido su trono en el cielo;
    su reinado domina sobre todos.

20 Alaben al Señor, ustedes sus ángeles,
    paladines que ejecutan su palabra
    y obedecen su mandato.
21 Alaben al Señor, todos sus ejércitos,
    siervos suyos que cumplen su voluntad.
22 Alaben al Señor, todas sus obras
    en todos los ámbitos de su dominio.

¡Alaba, alma mía, al Señor!

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2 Corintios 5:20(b) - 6:10

 

20 «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios». 21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como picador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

 

6:1 Nosotros, colaboradores de Dios, les rogamos que no reciban su gracia en vano. 

2 Porque él dice:

«En el momento propicio te escuché,
    y en el día de salvación te ayudé».

Les digo que este es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!

Privaciones de Pablo

3 Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio. 

4 Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios: en sufrimientos, privaciones y angustias; 

5 en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y hambre. 

6 Servimos con pureza, conocimiento, constancia y bondad; en el Espíritu Santo y en amor sincero; 

7 con palabras de verdad y con el poder de Dios; con armas de justicia, tanto ofensivas como defensivas; 

8 por honra y por deshonra, por mala y por buena fama; veraces, pero tenidos por engañadores; 

9 conocidos, pero tenidos por desconocidos; como moribundos, pero aún con vida; golpeados, pero no muertos; 

10 aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo.

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Mateo 6:1-6, 16-21

 

El dar a los necesitados

1 »Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa.

2 »Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. 

3 Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, 

4 para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

 

La oración

5 »Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. 

6 Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

 

El ayuno

16 »Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. 

17 Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara 

18 para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

Tesoros en el cielo

19 »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 

20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 

21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

 

 

Año A. Epifanía 8 / Transfiguración. La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo.

Éxodo 24:12-18

 

12 El Señor le dijo a Moisés: «Sube a encontrarte conmigo en el monte, y quédate allí. Voy a darte las tablas con la ley y los mandamientos que he escrito para guiarlos en la vida».

13 Moisés subió al monte de Dios, acompañado por su asistente Josué, 

14 pero a los ancianos les dijo: «Esperen aquí hasta que volvamos. Aarón y Jur se quedarán aquí con ustedes. Si alguno tiene un problema, que acuda a ellos».

15 En cuanto Moisés subió, una nube cubrió el monte, 

16 y la gloria del Señor se posó sobre el Sinaí. Seis días la nube cubrió el monte. Al séptimo día, desde el interior de la nube el Señor llamó a Moisés. 

17 A los ojos de los israelitas, la gloria del Señor en la cumbre del monte parecía un fuego consumidor. 

18 Moisés se internó en la nube y subió al monte, y allí permaneció cuarenta días y cuarenta noches.

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Salmos 2

 

1 ¿Por qué se sublevan las naciones,
    y en vano conspiran los pueblos?
2 Los reyes de la tierra se rebelan;
    los gobernantes se confabulan contra el Señor
    y contra su ungido.
3 Y dicen: «¡Hagamos pedazos sus cadenas!
    ¡Librémonos de su yugo!»

4 El rey de los cielos se ríe;
    el Señor se burla de ellos.
5 En su enojo los reprende,
    en su furor los intimida y dice:
6 «He establecido a mi rey
    sobre Sión, mi santo monte».

7 Yo proclamaré el decreto del Señor:
    «Tú eres mi hijo», me ha dicho;
    «hoy mismo te he engendrado.
8 Pídeme,
    y como herencia te entregaré las naciones;
    ¡tuyos serán los confines de la tierra!
9 Las gobernarás con puño de hierro;
    las harás pedazos como a vasijas de barro».

10 Ustedes, los reyes, sean prudentes;
    déjense enseñar, gobernantes de la tierra.
11 Sirvan al Señor con temor;
    con temblor ríndanle alabanza.
12 Bésenle los pies, no sea que se enoje
    y sean ustedes destruidos en el camino,
    pues su ira se inflama de repente.

¡Dichosos los que en él buscan refugio!

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Salmos 99

 

1 El Señor es rey:
    que tiemblen las naciones.
Él tiene su trono entre querubines:
    que se estremezca la tierra.
2 Grande es el Señor en Sión,
    ¡excelso sobre todos los pueblos!
3 Sea alabado su nombre grandioso e imponente:
    ¡él es santo!

4 Rey poderoso, que amas la justicia:
    tú has establecido la equidad
    y has actuado en Jacob con justicia y rectitud.

5 Exalten al Señor nuestro Dios;
    adórenlo ante el estrado de sus pies:
    ¡él es santo!

6 Moisés y Aarón se contaban entre sus sacerdotes,
    y Samuel, entre los que invocaron su nombre.
Invocaron al Señor, y él les respondió;
7     les habló desde la columna de nube.
Cumplieron con sus estatutos,
    con los decretos que él les entregó.

8 Señor y Dios nuestro, tú les respondiste;
    fuiste para ellos un Dios perdonador,
    aun cuando castigaste sus rebeliones.

9 Exalten al Señor nuestro Dios;
    adórenlo en su santo monte:
    ¡Santo es el Señor nuestro Dios!

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2 Pedro 1:16-21

 

16 Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos, sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos. 

17 Él recibió honor y gloria de parte de Dios el Padre, cuando desde la majestuosa gloria se le dirigió aquella voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».

18 Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con él en el monte santo. 

19 Esto ha venido a confirmarnos la palabra[b] de los profetas, a la cual ustedes hacen bien en prestar atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en sus corazones. 

20 Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. 

21 Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.

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Mateo 17:1-9

La Transfiguración

 

1 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, el hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una montaña alta. 

2 Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz.

3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. 

4 Pedro le dijo a Jesús:

―Señor, ¡qué bueno sería que nos quedemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías.

5 Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»

6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre su rostro, aterrorizados. 

7 Pero Jesús se acercó a ellos y los tocó.

―Levántense —les dijo—. No tengan miedo.

8 Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús.

9 Mientras bajaban de la montaña, Jesús les encargó:

―No le cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del hombre resucite.

 

Año A. Epifanía 8. Octavo Domingo Después de Epifanía.

Isaías 49:8-16 (a)

Restauración de Israel

 

8 Así dice el Señor:

«En el momento propicio te respondí,
    y en el día de salvación te ayudé.
Ahora te guardaré, y haré de ti
    un pacto para el pueblo,
para que restaures el país
    y repartas las propiedades asoladas;

9 para que digas a los cautivos:
    “¡Salgan!”,
y a los que viven en tinieblas:
    “¡Están en libertad!”

»Junto a los caminos pastarán
    y en todo cerro árido hallarán pastos.

10 No tendrán hambre ni sed,
    no los abatirá el sol ni el calor,
porque los guiará quien les tiene compasión,
    y los conducirá junto a manantiales de agua.

11 Convertiré en caminos todas mis montañas,
    y construiré mis calzadas.

12 ¡Miren! Ellos vendrán de muy lejos;
    unos desde el norte, otros desde el oeste,
    y aun otros desde la región de Asuán».

13 Ustedes los cielos, ¡griten de alegría!
    Tierra, ¡regocíjate!
    Montañas, ¡prorrumpan en canciones!
Porque el Señor consuela a su pueblo
    y tiene compasión de sus pobres.

14 Pero Sión dijo: «El Señor me ha abandonado;
    el Señor se ha olvidado de mí».

15 «¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho,
    y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?
Aun cuando ella lo olvidara,
    ¡yo no te olvidaré!

16 Grabada te llevo en las palmas de mis manos;

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Salmos 131

Cántico de los peregrinos. De David.

 

1 Señor, mi corazón no es orgulloso,
    ni son altivos mis ojos;
no busco grandezas desmedidas,
    ni proezas que excedan a mis fuerzas.

2 Todo lo contrario:
    he calmado y aquietado mis ansias.
Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre.
    ¡Mi alma es como un niño recién amamantado!

3 Israel, pon tu esperanza en el Señor
    desde ahora y para siempre.

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1 Corintios 4:1-5

Apóstoles de Cristo

 

1 Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios. 

2 Ahora bien, a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza. 

3 Por mi parte, muy poco me preocupa que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; es más, ni siquiera me juzgo a mí mismo. 

4 Porque aunque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto; el que me juzga es el Señor. 

5 Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

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Mateo 6:24-34

 

24 »Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.

De nada sirve preocuparse

25 »Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? 

26 Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 

27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?

28 »¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; 

29 sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. 

30 Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? 

31 Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” 

32 Los paganos andan tras todas estas cosas, pero el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. 

33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 

34 Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

Año A. Epifanía 7. Séptimo Domingo Después de Epifanía.

Levítico 9:1-2, 9-18

Los sacerdotes inician su ministerio

 

1 Al octavo día Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel. 

2 A Aarón le dijo: «Toma un becerro para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, y preséntaselos al Señor.

9 Sus hijos le llevaron la sangre, y él mojó el dedo en la sangre y la untó en los cuernos del altar, derramando luego la sangre al pie del altar. 

10 Luego quemó en el altar la grasa, los riñones y el lóbulo del hígado del animal sacrificado, tal como el Señor se lo había mandado a Moisés. 

11 La carne y la piel las quemó fuera del campamento.

12 Después Aarón degolló la víctima del holocausto. Sus hijos le llevaron la sangre, y él la derramó alrededor del altar. 

13 También le fueron pasando los trozos del animal y la cabeza, y él lo quemó todo en el altar. 

14 Lavó los intestinos y las patas, y luego quemó todo esto en el altar, junto con el holocausto.

15 Entonces Aarón presentó la ofrenda del pueblo, es decir, el macho cabrío del sacrificio expiatorio. Lo tomó y lo degolló, ofreciéndolo como sacrificio expiatorio, como hizo con el primero.

16 Luego presentó la víctima del holocausto, la cual sacrificó en la forma prescrita. 

17 También presentó la ofrenda de cereal, y tomando un puñado lo quemó en el altar, además del holocausto de la mañana.

18 Después degolló el toro y el carnero como sacrificio de comunión por el pueblo. Sus hijos le llevaron la sangre, y él la derramó alrededor del altar.

 

Salmos 119:33-40

 

33 Enséñame, Señor, a seguir tus decretos,
    y los cumpliré hasta el fin.

34 Dame entendimiento para seguir tu ley,
    y la cumpliré de todo corazón.

35 Dirígeme por la senda de tus mandamientos,
    porque en ella encuentro mi solaz.

36 Inclina mi corazón hacia tus estatutos
    y no hacia las ganancias desmedidas.

37 Aparta mi vista de cosas vanas,
    dame vida conforme a tu palabra.

38 Confirma tu promesa a este siervo,
    como lo has hecho con los que te temen.

39 Líbrame del oprobio que me aterra,
    porque tus juicios son buenos.

40 ¡Yo amo tus preceptos!
    ¡Dame vida conforme a tu justicia!

 

1 Corintios 3:10-11, 16-23

 

10 Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como maestro constructor, eché los cimientos, y otro construye sobre ellos. Pero cada uno tenga cuidado de cómo construye, 

11 porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo.

16 ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 

17 Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.

18 Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según las normas de esta época, hágase ignorante para así llegar a ser sabio. 

19 Porque a los ojos de Dios la sabiduría de este mundo es locura. Como está escrito: «Él atrapa a los sabios en su propia astucia»;

20 y también dice: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios y sabe que son absurdos».

21 Por lo tanto, ¡que nadie base su orgullo en el hombre! Al fin y al cabo, todo es de ustedes, 

22 ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el universo, o la vida, o la muerte, o lo presente o lo por venir; todo es de ustedes, 

23 y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios.

 

Mateo 5:38-48

Ojo por ojo

 

38 »Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”.

39 Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. 

40 Si alguien te pone pleito para quitarte la camisa, déjale también la capa. 

41 Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. 

42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.

 

El amor a los enemigos

43 »Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. 

44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen,

45 para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. 

46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? 

47 Y, si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? 

48 Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.

Año A. Epifanía 6. Sexto Domingo Después de Epifanía

Deuteronomio 3:15-20

 

15 A Maquir le entregué Galaad, 

16 y a los rubenitas y a los gaditas les entregué el territorio que se extiende desde Galaad hasta el centro del arroyo Arnón, y hasta el río Jaboc, que marca la frontera de los amonitas. 

17 Su frontera occidental era el Jordán en el Arabá, desde el lago Quinéret hasta el mar del Arabá, que es el Mar Muerto, en las laderas del monte Pisgá.

18 »En aquel tiempo les di esta orden: “El Señor su Dios les ha dado posesión de esta tierra. Ustedes, los hombres fuertes y guerreros, pasen al otro lado al frente de sus hermanos israelitas. 

19 En las ciudades que les he entregado permanecerán solamente sus mujeres, sus niños y el mucho ganado que yo sé que ustedes tienen. 

20 No podrán volver al territorio que les he entregado hasta que el Señor haya dado reposo a sus hermanos, como se lo ha dado a ustedes, y hasta que ellos hayan tomado posesión de la tierra que el Señor su Dios les entregará al otro lado del Jordán”.

 

Eclesiástico 15:11-20

Libertad del hombre

 

11 No digas: «Es Dios quien me hace pecar»;
porque él no hace lo que detesta.

12 Ni tampoco digas: «Él me hizo caer»;
porque él no necesita de gente malvada.
13 El Señor odia lo que es detestable
y no se lo envía a quienes le respetan.
14 Dios creó al hombre al principio
y le dio libertad de tomar sus decisiones.
15 Si quieres, puedes cumplir lo que él manda,
y puedes ser fiel haciendo lo que le gusta.
16 Delante de ti tienes fuego y agua;
escoge lo que quieras.
17 Delante de cada uno están la vida y la muerte,
y cada uno recibirá lo que elija.
18 La sabiduría del Señor es muy grande;
él es muy poderoso y lo ve todo.
19 Dios ve a todos los seres que creó,
y se da cuenta de todo lo que el hombre hace.
20 Él a nadie ha ordenado pecar,
ni deja sin castigo a los mentirosos.

 

Salmos 119:1-8

Álef

1 Dichosos los que van por caminos perfectos,
    los que andan conforme a la ley del Señor.
2 Dichosos los que guardan sus estatutos
    y de todo corazón lo buscan.
3 Jamás hacen nada malo,
    sino que siguen los caminos de Dios.
4 Tú has establecido tus preceptos,
    para que se cumplan fielmente.
5 ¡Cuánto deseo afirmar mis caminos
    para cumplir tus decretos!
6 No tendré que pasar vergüenzas
    cuando considere todos tus mandamientos.
7 Te alabaré con integridad de corazón,
    cuando aprenda tus justos juicios.
8 Tus decretos cumpliré;
    no me abandones del todo.

 

1 Corintios 3:1-9

Sobre las divisiones en la iglesia

 

1 Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales, sino como a inmaduros,  apenas niños en Cristo. 

2 Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, 

3 pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos? 

4 Cuando uno afirma: «Yo sigo a Pablo», y otro: «Yo sigo a Apolos», ¿no es porque están actuando con criterios humanos?

 5 Después de todo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno. 

6 Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. 

7 Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios, quien es el que hace crecer. 

8 El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo. 

9 En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios.

 

Mateo 5:21-37

 

El homicidio

21 »Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal”. 

22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Y cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al fuego del infierno.

23 »Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 

24 deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.

25 »Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. 

26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.

 

El adulterio

27 »Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio”. 

28 Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. 

29 Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. 

30 Y, si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.

 

El divorcio

31 »Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio”.

32 Pero yo les digo que, excepto en caso de inmoralidad sexual, todo el que se divorcia de su esposa la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.

 

Los juramentos

33 »También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor”. 

34 Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 

35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 

36 Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. 

37 Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

Año A. Epifanía 4. Cuarto Domingo después de Epifanía.

Miqueas 6:1-8

Querella de Dios contra su pueblo

1 Escuchen lo que dice el Señor:

«Levántate, presenta tu caso ante las montañas;
    deja que las colinas oigan tu voz».

2 Escuchen, montañas, la querella del Señor;
    presten atención, firmes cimientos de la tierra;
el Señor entra en juicio contra su pueblo,
    entabla un pleito contra Israel:
3 «Pueblo mío, ¿qué te he hecho?
    ¡Dime en qué te he ofendido!
4 Yo fui quien te sacó de Egipto,
    quien te libró de esa tierra de esclavitud.
Yo envié a Moisés, Aarón y Miriam
    para que te dirigieran.
5 Recuerda, pueblo mío,
    lo que tramaba Balac, rey de Moab,
    y lo que le respondió Balán hijo de Beor.
Recuerda tu paso desde Sitín hasta Guilgal,
    y reconoce las hazañas redentoras del Señor».

6 ¿Cómo podré acercarme al Señor
    y postrarme ante el Dios Altísimo?
¿Podré presentarme con holocaustos
    o con becerros de un año?
7 ¿Se complacerá el Señor con miles de carneros,
    o con diez mil arroyos de aceite?
¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito,
    al fruto de mis entrañas por mi pecado?

8 ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
    Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia,
    amar la misericordia,
        y humillarte ante tu Dios.


Salmos 15

Salmo de David.

1 ¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?
    ¿Quién puede vivir en tu santo monte?
2 Solo el de conducta intachable,
    que practica la justicia
    y de corazón dice la verdad;
3 que no calumnia con la lengua,
    que no le hace mal a su prójimo
    ni le acarrea desgracias a su vecino;
4 que desprecia al que Dios reprueba,
    pero honra al que teme al Señor;
que cumple lo prometido
    aunque salga perjudicado;
5 que presta dinero sin ánimo de lucro,
    y no acepta sobornos que afecten al inocente.

El que así actúa no caerá jamás.


1 Corintios 1:18-31

Cristo, sabiduría y poder de Dios

 

18 Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios. 

19 Pues está escrito:

«Destruiré la sabiduría de los sabios;
    frustraré la inteligencia de los inteligentes».

 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo? 

21 Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. 

22 Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, 

23 mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, 

24 pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. 

25 Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.

26 Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. 

27 Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. 

28 También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, 

29 a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. 

30 Pero gracias a él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría —es decir, nuestra justificación, santificación y redención— 

31 para que, como está escrito: «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor».


Mateo 5:1-12

Las bienaventuranzas

 

1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 

2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:

3 «Dichosos los pobres en espíritu,
    porque el reino de los cielos les pertenece.
4 Dichosos los que lloran,
    porque serán consolados.
5 Dichosos los humildes,
    porque recibirán la tierra como herencia.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
    porque serán saciados.
7 Dichosos los compasivos,
    porque serán tratados con compasión.
8 Dichosos los de corazón limpio,
    porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz,
    porque serán llamados hijos de Dios.
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
    porque el reino de los cielos les pertenece.

11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 

12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

Año A. Epifanía 3. Tercer Domingo después de Epifanía.

Isaías 9:1-4

Nos ha nacido un niño

 

1 A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán.

2 El pueblo que andaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz;

sobre los que vivían en densas tinieblas

    la luz ha resplandecido.

3 Tú has hecho que la nación crezca;

    has aumentado su alegría.

Y se alegran ellos en tu presencia

    como cuando recogen la cosecha,

    como cuando reparten el botín.

4 Ciertamente tú has quebrado,

    como en la derrota de Madián,

el yugo que los oprimía,

    la barra que pesaba sobre sus hombros,

    el bastón de mando que los subyugaba.


Salmos 27:1

Salmo de David.

 

1 El Señor es mi luz y mi salvación;

    ¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida;

    ¿quién podrá amedrentarme?

4 Una sola cosa le pido al Señor,

    y es lo único que persigo:

habitar en la casa del Señor

    todos los días de mi vida,

para contemplar la hermosura del Señor

    y recrearme en su templo.

5 Porque en el día de la aflicción

    él me resguardará en su morada;

al amparo de su tabernáculo me protegerá,

    y me pondrá en alto, sobre una roca.

6 Me hará prevalecer

    frente a los enemigos que me rodean;

en su templo ofreceré sacrificios de alabanza

    y cantaré salmos al Señor.

7 Oye, Señor, mi voz cuando a ti clamo;

    compadécete de mí y respóndeme.

8 El corazón me dice: «¡Busca su rostro!»[a]

    Y yo, Señor, tu rostro busco.

9 No te escondas de mí;

    no rechaces, en tu enojo, a este siervo tuyo,

    porque tú has sido mi ayuda.

No me desampares ni me abandones,

    Dios de mi salvación.


1 Corintios 1:10-18

Divisiones en la iglesia

10 Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.

11 Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes.

12 Me refiero a que unos dicen: «Yo sigo a Pablo»; otros afirman: «Yo, a Apolos»; otros: «Yo, a Cefas»; y otros: «Yo, a Cristo».

13 ¡Cómo! ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O es que fueron bautizados en el nombre de Pablo?

14 Gracias a Dios que no bauticé a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo,

15 de modo que nadie puede decir que fue bautizado en mi nombre.

16 Bueno, también bauticé a la familia de Estéfanas; fuera de estos, no recuerdo haber bautizado a ningún otro.

17 Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.

Cristo, sabiduría y poder de Dios

18 Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.


Mateo 4:12-23

Jesús comienza a predicar

12 Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea.

13 Partió de Nazaret y se fue a vivir a Capernaúm, que está junto al lago en la región de Zabulón y de Neftalí,

14 para cumplir lo dicho por el profeta Isaías:

15 «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

    camino del mar, al otro lado del Jordán,

    Galilea de los gentiles;

16 el pueblo que habitaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz;

sobre los que vivían en densas tinieblas[a]

    la luz ha resplandecido».

17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca».

Llamamiento de los primeros discípulos

18 Mientras caminaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores. 19 «Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres».

20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron.

21 Más adelante vio a otros dos hermanos: Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca remendando las redes. Jesús los llamó,

22 y dejaron en seguida la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús sana a los enfermos

23 Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente.