Año A. Epifanía 4. Cuarto Domingo después de Epifanía.

Miqueas 6:1-8

Querella de Dios contra su pueblo

1 Escuchen lo que dice el Señor:

«Levántate, presenta tu caso ante las montañas;
    deja que las colinas oigan tu voz».

2 Escuchen, montañas, la querella del Señor;
    presten atención, firmes cimientos de la tierra;
el Señor entra en juicio contra su pueblo,
    entabla un pleito contra Israel:
3 «Pueblo mío, ¿qué te he hecho?
    ¡Dime en qué te he ofendido!
4 Yo fui quien te sacó de Egipto,
    quien te libró de esa tierra de esclavitud.
Yo envié a Moisés, Aarón y Miriam
    para que te dirigieran.
5 Recuerda, pueblo mío,
    lo que tramaba Balac, rey de Moab,
    y lo que le respondió Balán hijo de Beor.
Recuerda tu paso desde Sitín hasta Guilgal,
    y reconoce las hazañas redentoras del Señor».

6 ¿Cómo podré acercarme al Señor
    y postrarme ante el Dios Altísimo?
¿Podré presentarme con holocaustos
    o con becerros de un año?
7 ¿Se complacerá el Señor con miles de carneros,
    o con diez mil arroyos de aceite?
¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito,
    al fruto de mis entrañas por mi pecado?

8 ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
    Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia,
    amar la misericordia,
        y humillarte ante tu Dios.


Salmos 15

Salmo de David.

1 ¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?
    ¿Quién puede vivir en tu santo monte?
2 Solo el de conducta intachable,
    que practica la justicia
    y de corazón dice la verdad;
3 que no calumnia con la lengua,
    que no le hace mal a su prójimo
    ni le acarrea desgracias a su vecino;
4 que desprecia al que Dios reprueba,
    pero honra al que teme al Señor;
que cumple lo prometido
    aunque salga perjudicado;
5 que presta dinero sin ánimo de lucro,
    y no acepta sobornos que afecten al inocente.

El que así actúa no caerá jamás.


1 Corintios 1:18-31

Cristo, sabiduría y poder de Dios

 

18 Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios. 

19 Pues está escrito:

«Destruiré la sabiduría de los sabios;
    frustraré la inteligencia de los inteligentes».

 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo? 

21 Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. 

22 Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, 

23 mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, 

24 pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. 

25 Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.

26 Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. 

27 Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. 

28 También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, 

29 a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. 

30 Pero gracias a él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría —es decir, nuestra justificación, santificación y redención— 

31 para que, como está escrito: «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor».


Mateo 5:1-12

Las bienaventuranzas

 

1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 

2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:

3 «Dichosos los pobres en espíritu,
    porque el reino de los cielos les pertenece.
4 Dichosos los que lloran,
    porque serán consolados.
5 Dichosos los humildes,
    porque recibirán la tierra como herencia.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
    porque serán saciados.
7 Dichosos los compasivos,
    porque serán tratados con compasión.
8 Dichosos los de corazón limpio,
    porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz,
    porque serán llamados hijos de Dios.
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
    porque el reino de los cielos les pertenece.

11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 

12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.