Año A. Epifania 2. Segundo Domingo después de la Epifanía.

Isaías 49:1-7

El Siervo del Señor

 

1 Escúchenme, costas lejanas,

    oigan esto, naciones distantes:

El Señor me llamó antes de que yo naciera,

    en el vientre de mi madre pronunció mi nombre.

2 Hizo de mi boca una espada afilada,

    y me escondió en la sombra de su mano;

me convirtió en una flecha pulida,

    y me escondió en su aljaba.

3 Me dijo: «Israel, tú eres mi siervo;

    en ti seré glorificado.»

4 Y respondí: «En vano he trabajado;

    he gastado mis fuerzas sin provecho alguno.

Pero mi justicia está en manos del Señor;

    mi recompensa está con mi Dios.»

5 Y ahora dice el Señor,

    que desde el seno materno me formó

    para que fuera yo su siervo,

para hacer que Jacob se vuelva a él,

    que Israel se reúna a su alrededor;

porque a los ojos del Señor soy digno de honra,

    y mi Dios ha sido mi fortaleza:

6 «No es gran cosa que seas mi siervo,

    ni que restaures a las tribus de Jacob,

ni que hagas volver a los de Israel,

    a quienes he preservado.

Yo te pongo ahora como luz para las naciones,

    a fin de que lleves mi salvación

    hasta los confines de la tierra.»

7 Así dice el Señor,

    el Redentor y Santo de Israel,

al despreciado y aborrecido por las naciones,

    al siervo de los gobernantes:

«Los reyes te verán y se pondrán de pie,

    los príncipes te verán y se inclinarán,

por causa del Señor, el Santo de Israel,

    que es fiel y te ha escogido.»


Salmos 40:1-11

Al director musical. Salmo de David.

 

1 Puse en el Señor toda mi esperanza;

    él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

2 Me sacó de la fosa de la muerte,

    del lodo y del pantano;

puso mis pies sobre una roca,

    y me plantó en terreno firme.

3 Puso en mis labios un cántico nuevo,

    un himno de alabanza a nuestro Dios.

Al ver esto, muchos tuvieron miedo

    y pusieron su confianza en el Señor.

4 Dichoso el que pone su confianza en el

    y no recurre a los idólatras

    ni a los que adoran dioses falsos.

5 Muchas son, Señor mi Dios,

    las maravillas que tú has hecho.

    No es posible enumerar

tus bondades en favor nuestro.

    Si quisiera anunciarlas y proclamarlas,

    serían más de lo que puedo contar.

6 A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas,

    pero me has hecho obediente;

tú no has pedido holocaustos

    ni sacrificios por el pecado.

7 Por eso dije: «Aquí me tienes

    —como el libro dice de mí—.

8 Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad;

    tu ley la llevo dentro de mí.»

9 En medio de la gran asamblea

    he dado a conocer tu justicia.

Tú bien sabes, Señor,

    que no he sellado mis labios.

10 No escondo tu justicia en mi corazón,

    sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación.

No oculto en la gran asamblea

    tu gran amor y tu verdad.

11 No me niegues, Señor, tu misericordia;

    que siempre me protejan tu amor y tu verdad.


1 Corintios 1: 1-9

 

1 Pablo, llamado por la voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús, y nuestro hermano Sóstenes,

2 a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo, junto con todos los que en todas partes invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y de nosotros:

3 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.

 

Acción de gracias.

4 Siempre doy gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús, les ha dado su gracia.

5 Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento.

6 Así se ha confirmado en ustedes nuestro testimonio acerca de Cristo,

7 de modo que no les falta ningún don espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo.

8 Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo.

9 Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.


Juan 1:29-42

Jesús, el Cordero de Dios

 

29 Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!

30 De éste hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo.”

31 Yo ni siquiera lo conocía, pero, para que él se revelara al pueblo de Israel, vine bautizando con agua.»

32 Juan declaró: «Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él.

33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu desciende y permanece, es el que bautiza con el Espíritu Santo.”

34 Yo lo he visto y por eso testifico que éste es el Hijo de Dios.»

 

Los primeros discípulos de Jesús

35 Al día siguiente Juan estaba de nuevo allí, con dos de sus discípulos.

36 Al ver a Jesús que pasaba por ahí, dijo:

—¡Aquí tienen al Cordero de Dios!

37 Cuando los dos discípulos le oyeron decir esto, siguieron a Jesús.

38 Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:

—¿Qué buscan?

—Rabí, ¿dónde te hospedas? (Rabí significa: Maestro.)

39 —Vengan a ver —les contestó Jesús.

Ellos fueron, pues, y vieron dónde se hospedaba, y aquel mismo día se quedaron con él. Eran como las cuatro de la tarde.

40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que, al oír a Juan, habían seguido a Jesús.

41 Andrés encontró primero a su hermano Simón, y le dijo:

—Hemos encontrado al Mesías (es decir, el Cristo).

42 Luego lo llevó a Jesús, quien mirándolo fijamente, le dijo:

—Tú eres Simón, hijo de Juan. Serás llamado Cefas (es decir, Pedro).