Año A. Adviento 3. Vela de La Paz

LECTURAS CONTINUAS

Isaías 35

La alegría de los redimidos

35 Se alegrarán el desierto y el sequedal;
    se regocijará el desierto
    y florecerá como el azafrán.
2 Florecerá y se regocijará:
    ¡gritará de alegría!
Se le dará la gloria del Líbano,
    y el esplendor del Carmelo y de Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
    el esplendor de nuestro Dios.

3 Fortalezcan las manos débiles,
    afirmen las rodillas temblorosas;
4 digan a los de corazón temeroso:
    «Sean fuertes, no tengan miedo.
Su Dios vendrá,
    vendrá con venganza;
con retribución divina
    vendrá a salvarlos.»

5 Se abrirán entonces los ojos de los ciegos
    y se destaparán los oídos de los sordos;
6 saltará el cojo como un ciervo,
    y gritará de alegría la lengua del mudo.
Porque aguas brotarán en el desierto,
    y torrentes en el sequedal.
7 La arena ardiente se convertirá en estanque,
    la tierra sedienta en manantiales burbujeantes.
Las guaridas donde se tendían los chacales,
    serán morada de juncos y papiros.

8 Habrá allí una calzada
    que será llamada Camino de santidad.
No viajarán por ella los impuros,
    ni transitarán por ella los necios;
    será sólo para los que siguen el camino.
9 No habrá allí ningún león,
    ni bestia feroz que por él pase;
¡Allí no se les encontrará!
    ¡Por allí pasarán solamente los redimidos!
10 Y volverán los rescatados por el Señor,
    y entrarán en Sión con cantos de alegría,
    coronados de una alegría eterna.
Los alcanzarán la alegría y el regocijo,
    y se alejarán la tristeza y el gemido.


Salmos 146:4-9

4 Exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
    y ese mismo día se desbaratan sus planes.
5 Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob,
    cuya esperanza está en el Señor su Dios,

6 creador del cielo y de la tierra,
    del mar y de todo cuanto hay en ellos,
    y que siempre mantiene la verdad.
7 El Señor hace justicia a los oprimidos,
    da de comer a los hambrientos
y pone en libertad a los cautivos.
8     El Señor da vista a los ciegos,
el Señor sostiene a los agobiados,
    el Señor ama a los justos.
9 El Señor protege al extranjero
    y sostiene al huérfano y a la viuda,
    pero frustra los planes de los impíos.


Santiago 5:7-10

Paciencia en los sufrimientos

7 Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. 

8 Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca. 

9 No se quejen unos de otros, hermanos, para que no sean juzgados. ¡El juez ya está a la puerta!

10 Hermanos, tomen como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.


Mateo 11:2-11

2 Juan estaba en la cárcel, y al enterarse de lo que Cristo estaba haciendo, envió a sus discípulos a que le preguntaran:

3 —¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?

4 Les respondió Jesús:

—Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: 

5 Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. 

6 Dichoso el que no tropieza por causa mía.

7 Mientras se iban los discípulos de Juan, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 

8 Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que usan ropa de lujo están en los palacios de los reyes. 

9 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. 

10 Éste es de quien está escrito:

»“Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti,
    el cual preparará tu camino.”

11 Les aseguro que entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

 

LECTURAS COMPLEMENTARIAS

Isaías 35

La alegría de los redimidos

35 Se alegrarán el desierto y el sequedal;
    se regocijará el desierto
    y florecerá como el azafrán.
2 Florecerá y se regocijará:
    ¡gritará de alegría!
Se le dará la gloria del Líbano,
    y el esplendor del Carmelo y de Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
    el esplendor de nuestro Dios.

3 Fortalezcan las manos débiles,
    afirmen las rodillas temblorosas;
4 digan a los de corazón temeroso:
    «Sean fuertes, no tengan miedo.
Su Dios vendrá,
    vendrá con venganza;
con retribución divina
    vendrá a salvarlos.»

5 Se abrirán entonces los ojos de los ciegos
    y se destaparán los oídos de los sordos;
6 saltará el cojo como un ciervo,
    y gritará de alegría la lengua del mudo.
Porque aguas brotarán en el desierto,
    y torrentes en el sequedal.
7 La arena ardiente se convertirá en estanque,
    la tierra sedienta en manantiales burbujeantes.
Las guaridas donde se tendían los chacales,
    serán morada de juncos y papiros.

8 Habrá allí una calzada
    que será llamada Camino de santidad.
No viajarán por ella los impuros,
    ni transitarán por ella los necios;
    será sólo para los que siguen el camino.
9 No habrá allí ningún león,
    ni bestia feroz que por él pase;
¡Allí no se les encontrará!
    ¡Por allí pasarán solamente los redimidos!
10 Y volverán los rescatados por el Señor,
    y entrarán en Sión con cantos de alegría,
    coronados de una alegría eterna.
Los alcanzarán la alegría y el regocijo,
    y se alejarán la tristeza y el gemido.


Lucas 1:46-55

El cántico de María

46 —Mi alma glorifica al Señor,
47     y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador,
48 porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva.
    Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
49 porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí.
    ¡Santo es su nombre!
50 De generación en generación
    se extiende su misericordia a los que le temen.
51 Hizo proezas con su brazo;
    desbarató las intrigas de los soberbios.
52 De sus tronos derrocó a los poderosos,
    mientras que ha exaltado a los humildes.
53 A los hambrientos los colmó de bienes,
    y a los ricos los despidió con las manos vacías.
54-55 Acudió en ayuda de su siervo Israel
    y, cumpliendo su promesa a nuestros padres,
mostró su misericordia a Abraham
    y a su descendencia para siempre.


Santiago 5:7-10

Paciencia en los sufrimientos

7 Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. 

8 Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca. 

9 No se quejen unos de otros, hermanos, para que no sean juzgados. ¡El juez ya está a la puerta!

10 Hermanos, tomen como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.


Mateo 11:2-11

2 Juan estaba en la cárcel, y al enterarse de lo que Cristo estaba haciendo, envió a sus discípulos a que le preguntaran:

3 —¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?

4 Les respondió Jesús:

—Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: 

5 Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. 

6 Dichoso el que no tropieza por causa mía.

7 Mientras se iban los discípulos de Juan, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 

8 Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que usan ropa de lujo están en los palacios de los reyes. 

9 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. 

10 Éste es de quien está escrito:

»“Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti,
    el cual preparará tu camino.”

11 Les aseguro que entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.