Año A. Epifanía 3. Tercer Domingo después de Epifanía.

Isaías 9:1-4

Nos ha nacido un niño

 

1 A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán.

2 El pueblo que andaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz;

sobre los que vivían en densas tinieblas

    la luz ha resplandecido.

3 Tú has hecho que la nación crezca;

    has aumentado su alegría.

Y se alegran ellos en tu presencia

    como cuando recogen la cosecha,

    como cuando reparten el botín.

4 Ciertamente tú has quebrado,

    como en la derrota de Madián,

el yugo que los oprimía,

    la barra que pesaba sobre sus hombros,

    el bastón de mando que los subyugaba.


Salmos 27:1

Salmo de David.

 

1 El Señor es mi luz y mi salvación;

    ¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida;

    ¿quién podrá amedrentarme?

4 Una sola cosa le pido al Señor,

    y es lo único que persigo:

habitar en la casa del Señor

    todos los días de mi vida,

para contemplar la hermosura del Señor

    y recrearme en su templo.

5 Porque en el día de la aflicción

    él me resguardará en su morada;

al amparo de su tabernáculo me protegerá,

    y me pondrá en alto, sobre una roca.

6 Me hará prevalecer

    frente a los enemigos que me rodean;

en su templo ofreceré sacrificios de alabanza

    y cantaré salmos al Señor.

7 Oye, Señor, mi voz cuando a ti clamo;

    compadécete de mí y respóndeme.

8 El corazón me dice: «¡Busca su rostro!»[a]

    Y yo, Señor, tu rostro busco.

9 No te escondas de mí;

    no rechaces, en tu enojo, a este siervo tuyo,

    porque tú has sido mi ayuda.

No me desampares ni me abandones,

    Dios de mi salvación.


1 Corintios 1:10-18

Divisiones en la iglesia

10 Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.

11 Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes.

12 Me refiero a que unos dicen: «Yo sigo a Pablo»; otros afirman: «Yo, a Apolos»; otros: «Yo, a Cefas»; y otros: «Yo, a Cristo».

13 ¡Cómo! ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O es que fueron bautizados en el nombre de Pablo?

14 Gracias a Dios que no bauticé a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo,

15 de modo que nadie puede decir que fue bautizado en mi nombre.

16 Bueno, también bauticé a la familia de Estéfanas; fuera de estos, no recuerdo haber bautizado a ningún otro.

17 Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.

Cristo, sabiduría y poder de Dios

18 Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.


Mateo 4:12-23

Jesús comienza a predicar

12 Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea.

13 Partió de Nazaret y se fue a vivir a Capernaúm, que está junto al lago en la región de Zabulón y de Neftalí,

14 para cumplir lo dicho por el profeta Isaías:

15 «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

    camino del mar, al otro lado del Jordán,

    Galilea de los gentiles;

16 el pueblo que habitaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz;

sobre los que vivían en densas tinieblas[a]

    la luz ha resplandecido».

17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca».

Llamamiento de los primeros discípulos

18 Mientras caminaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores. 19 «Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres».

20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron.

21 Más adelante vio a otros dos hermanos: Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca remendando las redes. Jesús los llamó,

22 y dejaron en seguida la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús sana a los enfermos

23 Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente.